Y llegó GTD

GTD – David Allen

Como todos los días, me encontraba yo luchando contra mi calendario, mi agenda, los papeles sobre mi mesa, otra app de tareas nueva que estaba probando, mi memoria… cuando llegó GTD. Me habían aceptado un curso de “esto” que había pedido para los compañeros de mi departamento.

Desde hacía ya algún tiempo tenía claro que, como escribió Stephen Covey, debía invertir algo de tiempo en “afilar la sierra” porque la mía iba necesitando mantenimiento. El no afilarla venía por dos motivos, siendo el primero la típica “falta de tiempo”. Sí, ya sé que es un error y que además tiempo “hay el que hay”, otra cosa es que lo hayamos llenado de otras cosas que hacer. Pero el segundo motivo era la desconfianza en el afilador que debía usar. Periódicamente llegaban a mí informaciones respecto a sistemas para mejorar la organización y la productividad: filosofías de trabajo, aplicaciones, buenas prácticas… Tenían buena pinta, pero no tenía claro que fueran para mí, especialmente después de ver cómo algún compañero se estrellaba después de echarle horas. Vamos, que sospechaba que el afilador podía romper algún diente de mi ya maltrecha sierra.

Y llegó GTD en forma de curso. Como no tiene uno esta suerte todos los días, decidí apagar todos los avisos de los gadgets y poner toda mi atención en el nuevo afilador que me presentaban. Encantado lo primero con el formador, Antonio José Masiá, que entró con buen pie: contándonos su propia historia. Cuando compartió su experiencia anterior a emplear GTD, me vi totalmente reflejado: desorden, hacer por impulsos, cosas olvidadas, llegar tarde, compromisos no cumplidos, gente cabreada con uno, remordimientos, estrés y demás. Pero nos aseguró que hay vida más allá del caos, y una de esas posibles vidas pasa por subirse al carro de GTD.

Evidentemente, el ticket de ese viaje tiene un precio: compromiso, esfuerzo y echarle tiempo y ganas. Igual que hacer ejercicio, adelgazar, estudiar… requiere forjar hábitos a base de disciplina (¡qué sorpresa!). Pero esa inversión la recuperaremos con creces, nos dice. Pues a invertir se ha dicho.

Después de revisar un poco el funcionamiento de nuestra mente, de la necesidad que tenemos “los trabajadores del conocimiento” de usar un sistema distinto que consideremos 100% fiable para poder “vaciar la mente” con tranquilidad y de la definición de lo que es ser productivo, pasamos a la operativa. En síntesis se trata de un workflow que hay que seguir de manera disciplinada en varios pasos y (¡sorpresa!) con un lenguaje adecuado para que nuestro cerebro lo procese de le mejor manera. Y como quiera que esto lleva un tiempo, nos ha puesto a trabajar y nos veremos en unas semanas para compartir la experiencia y ampliar conocimientos. Eso sí, nada de apps. Nos ha dado un sistema en papel y boli, ya que ha insistido en que es la mejor manera de aprender. El curso ha gustado mucho y nos hemos propuesto usar el GTD en equipo, que siempre anima más y dificulta el abandono.

Pues, ¡al tajo! Solo con empezar ya tiene una ventaja: sabes que lo tienes todo apuntado en un sistema y que, en menos de una semana, si ése no es su sitio dentro del sistema irá a donde le corresponde cuando se haga la revisión. ¡Es saludable eso de “vaciar la mente”!

Ya puedo tachar la acción “escribir entrada blog”. Va a ser cierto que el cerebro es un “yonqui de tachar”.

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Un comentario en “Y llegó GTD

  1. Pingback: Primeros pasos con GTD | Blog de Curro Balsalobre

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